miércoles, 8 de diciembre de 2010

CONTRAPORTADA: Agua… por fin


Ana Ramos (Ribeira Seca, Cabo Verde).- En un archipiélago en el que el agua es milagro, una presa es todo un acontecimiento. En todas las conversaciones ya sea género, acceso a vivienda, desempleo, radios comunitarias o donde podríamos comprar espuma de afeitar, alguien termina nombrando el barragem de Poilão. Se trata de la mayor presa del país, con una capacidad para almacenar 1,7 millones de metros cúbicos de agua para regadío. Situada en Ribeira Seca, el camino para acceder a la misma es el pequeño pulmón verde de la isla, São Jorge dos Rogaos. Un paisaje verde y frondoso resguardado entre montañas, por un momento, nos hace olvidar que la carencia de agua es aquí un problema de difícil solución. Respiramos, tomamos aire y, poco a poco, recorridos apenas diez kilómetros, la tierra seca y rojiza nos devuelve a la otra realidad caboverdiana.

Y una curiosidad, el templete de inconfundible estilo chino emplazado al otro lado de la presa avisa sin decoro al visitante de que esta infraestructura fue construida por el gobierno de este país asiático... Debieron pensar que así no habría dudas a la hora de poner nación al dinero que financió este pequeño prodigio.

(Fotografías de Xan Xiadas)

Elisio Rodríguez, director de CITI HABITAT: "Tenemos hombres y mujeres, esa es la riqueza natural de Cabo Verde”

 

Ana Ramos (Praia, Cabo Verde).- Lleva 22 años trabajando para el desarrollo de Cabo Verde y ha vivido su transformación como uno de los países más pobres del planeta a su consideración como estado de desarrollo medio por parte de la ONU. Si en Santiago todos los caminos llevan a Praia, en Praia, todas las personas te conducen hasta Elisio Rodríguez. Todos conocen, respetan y admiran  el trabajo de CITI HABITAT, la ONG de la que es fundador y director, y la primera legalizada en Cabo Verde. Nos encontramos en Ponte D’Agua, uno de los muchos barrios desfavorecidos de Praia en los que esta entidad tiene su sede y en el que ha desarrollado, entre tantas otras iniciativas, una radio comunitaria.
CITI HABITAT realiza un trabajo integral buscando superar todos los elementos que caracterizan la pobreza en Cabo Verde. Con su experiencia, ¿cuál cree que es el mayor problema del país?
La falta de empleo, el agua y el saneamiento. La pobreza está caracterizada por un conjunto de factores como educación, vivienda, acceso al trabajo… y en todos ellos CITI HABITAT incide a través de programas y proyectos que normalmente son financiados por organizaciones extranjeras.
Se trata de la primera ONG de Cabo Verde…
En 1988 ocho caboverdianos y un grupo de técnicos extranjeros fundamos CITI HABITAT. Todos trabajábamos en el desarrollo local y disentíamos con el programa de desarrollo del partido único. Propusimos como punto de partida la educación, la organización y la participación, esto es, el cambio de mentalidad de las personas. Nuestro objetivo es el desarrollo humano armonioso en la búsqueda de aquello que da razón de ser a la primera democracia, la democracia económica. Por eso incidimos en la formación, emprendizaje mediante microcréditos, construimos viviendas, mejoramos las ya construidas…
Cabo Verde es un país de desarrollo medio pero esto sólo lo parece en determinadas zonas…
No estoy de acuerdo. Cabo Verde ha superado tres de los cinco parámetros marcados por la ONU de ahí esa calificación que es generalizada para todo el país. Hay unas islas más atrasadas que otras como Brava o Maio por problemas de comunicación, pero todas las islas se desarrollan de forma armoniosa.

Sin embargo, las desigualdades sociales parecen muy llamativas...
Praia es la capital y las desigualdades son mayores, también propiciadas por el éxodo rural de la población en busca de un empleo pero, entre islas, el desarrollo es muy semejante.
La carencia de agua es una de sus principales dificultades. ¿La desalinización no es viable?
El Gobierno ha hecho muchos esfuerzos para captar las aguas y realizar la desalinización, lo que ocurre es que este proceso es sumamente caro y la manutención de las maquinas todavía mayor. Con todo, gracias a la introducción de la energía solar y eólica quizás consigamos abaratar costes. Por otro lado, el Gobierno capta las aguas que caen mediante presas pero las lluvias son irregulares. Debería llover de julio a octubre y no llueve. Desde 1968 hasta 2007 las aguas no son regulares. Aquello que debía llover en 4 meses cae en un día y se lleva todo por delante. Además, la destrucción de las playas debido a la extracción de la arena ha provocado que el agua de mar salinize los pozos de las aguas subterráneas agravando todavía más este problema.
Luchan contra todos los elementos…
Falta de lluvia y falta de producción. Sólo el 10% del terreno de Cabo Verde es cultivable y cuando no hay lluvias la capacidad productiva es del 30%, lo que es manifiestamente insuficiente. No tenemos petróleo, diamantes, oro… tenemos hombres y mujeres, esa es la riqueza natural de Cabo Verde y gracias a eso en 35 años heos salido del grupo de los países más pobres del planeta a los de desarrollo medio.
¿Tiene esperanza respecto al futuro?
En cuanto haya hombres y mujeres debidamente organizados en un partido serio de un gobierno transparente y honesto sí, tengo esperanza. Creo en el desarrollo de Cabo Verde y creo en días mejores para el país. He nacido aquí y he visto su transformación, lo que me hace pensar que todos los sacrificios han merecido la pena.  
¿De dónde saca las fuerzas para seguir trabajando?
Las fuerzas vienen del alma, de ser caboverdiano, un pueblo habituado a luchar contra todo y contra todos. Como dijo el poeta Ovidio Martins:
“Nós somos os flagelados do Vento-Leste!
O mar transmitiu-nos a sua perseverança
Aprendemos com o vento o bailar na desgraça
As cabras ensinaram-nos a comer pedras para não perecermos”
Esa es la fuerza de Cabo Verde y la que me empuja a seguir adelante.

(Fotografías de Xan Xiadas)

martes, 7 de diciembre de 2010

Contraportada: ¿Pagáis mañana?

Ana Ramos (Praia, Cabo Verde).- Medianoche, dos blancos cansados y sudorosos entran en un bar. Es un bar de barrio, de un barrio no muy rico. Agua, dos Estrelas, algo de comer… no que es muy tarde. Todos se conocen, claro, bromean entre ellos y nos miran amigables o no nos miran que también se agradece. Hora de pagar, ¿llevas tú?, ¿llevo yo?... ¿no llevamos  ninguno? Ah sí, un billete… y de los grandes. La camarera mira el dinero y pide cambio. Como es lógico, nadie tiene. Con una sonrisa nos lo devuelve. ¿Pagáis mañana? Claro. Boa noite. Boa noite.
Medianoche, dos negros cansados y sudorosos entran en un bar…

A oscuras

Ana Ramos (Praia, Cabo Verde).- Cada vez entendemos más cosas y no todas nos gustan. Algunos cooperantes parece que han olvidado para qué han venido y otros, en cambio, nos dan lecciones, no ya de cooperación, sino de vida, de respeto al otro y de puesta en valor de esas palabras que, por nuestro mundo, casi carecen de significado: multiculturalidad, solidaridad, entrega... Uno de los problemas de Cabo Verde, precisamente, es toda esa ayuda externa que necesitan para salir adelante y que ha minado en ellos cualquier espíritu emprendedor, aunque eso quizás sea decir mucho. Falta de autoestima, pérdida de identidad –ese funesto pasado colonial- complejo de inferioridad… Las definiciones no son nuestras, las han puesto otros.
Alguien muy interesante asegura que la pobreza en este archipiélago -en el que para acceder a los precios de su mercado tienes que ser europeo-, es de espíritu, “de construcción del raciocinio”, puntualiza ya que “¿qué sentido tiene tener red inalámbrica en las plazas pero carecer de saneamiento en los barrios periféricos?”. Internet, en el centro histórico se ve, que un caboverdiano no tenga baño… nunca lo sabremos. En Sal, la isla del turismo, nos han contado que se ha inaugurado un hospital fantástico… pero que no tiene médicos. Manel, un doctor catalán curtido ya en Angola se marcha hoy de la isla. Aquí ha relevado a un compañero y ambos, durante un año, como representantes del CIC (Centro Interhospitalario de Cooperación) han capacitado a médicos caboverdianos entre otras muchas cosas…. “La formación es lo que queda, nosotros formamos a unos y éstos a los siguientes. Podríamos traer especialistas pero queremos que ellos lo sean, que no dependan de nosotros”. Manel es de los que huyen del eurocentrismo: “hay que tener mucho cuidado porque es muy fácil caer en el paternalismo”.
Fernando es de Guinea Bissau y es una persona extraordinaria. Él daba clases en la universidad, tenía un pequeño hotel en Praia y… lo dejó todo. Hoy es el director de la Aldeia Infantil SOS de Ribeirao Chiqueiro. Bueno, como él dice, es el padre de los 80 niños acogidos en esta aldea pensada para las crianças más desfavorecidas. Algunos se quedaron solos demasiado pronto, otros provienen de familias desestructuradas y todos tienen hoy un porvenir y una nueva familia. Un padre, Fernando, y ocho maravillosas mujeres que ejercen de madres. En esta aldea, un paraíso en esta capital tan extraña, están rodeados de montañas, tienen huerta, jardín y verde… Sí, verde, la flor del desierto, esa que crece por todas partes y que aquí pinta de verde la tierra rojiza. Los niños, claro está, prefieren los columpios y aquí los tienen.


En Praia, sólo hemos visto un parque infantil. Habrá más pero sólo hemos visto uno. Estaba en el barrio donde están los consulados, las embajadas, los bancos… los de siempre. Quizás era la hora, quizás el calor, quizás el día pero no había ningún niño. Hoy a la misma hora, bajo un sol abrasador en Ribeirao Chiqueiro había niños, muchos niños. Descalzos jugaban en su particular parque infantil: un coche abandonado, arena, una pelota deshinchada y, aun a riesgo de hacer demagogia, lo cierto es que parecían muy felices. Si a su felicidad le añades dos extranjeros despistados, diferentes, con una cámara, pendientes y todas esas cosas que ellos no habían visto, ese día seguramente ha sido extraordinario.
Ya comienza a tintinear la luz, aquí, en Praia las bajadas de energía son frecuentes. Pueden durar una hora, dos o toda la noche. Molestos parecemos los extranjeros, los caboverdianos lo asumen naturalmente. En la calle continúan andando y, nosotros, de repente, sin luz, casi no sabemos caminar. Quizás somos nosotros quienes vivimos a oscuras.


(Fotografías de Xan Xiadas)

Contraportada: Barça – Osasuna

Ana Ramos (Praia, Cabo Verde).- “¿Te has fijado? Los niños no juegan al fútbol”, comenta mi compañero. Como en mi mente, ese deporte carece del más pequeño compartimento, ni siquiera lo había pensado. Otros niños nos desmienten y nos cuentan que son del Porto, del Benfica y que prefieren a Messi antes que a Ronaldo…. “Claro, ha engordado mucho”, aseguro buscando su complicidad y provocando risas. Me sacan de mi error, hablan de Cristiano, y comprendo que, a partir de ahora, de esta materia será otro quien hable. Cae la tarde y, casualmente, asistimos a una conversación que podríamos haber escuchado a miles de kilómetros de distancia. Dos aficionados discuten acerca de los árbitros y, de repente, se callan. Silencio, en la televisión caboverdiana emiten, y en directo, el Barça-Osasuna.

(Fotografía: Xan Xiadas)

lunes, 6 de diciembre de 2010

“Lo que Dios quiera”

Ana Ramos (Praia, Cabo Verde).- Dos pescadores avezados recogen la pesca del día. Praia de Gamboa, una pequeña barca, repleta de tainas -semejante a las xoubas o los xureliños- y niños, muchos niños. Los pequeños, aprenden entusiasmados a domesticar el mar, el recurso más importante de Cabo Verde, casi el único, aunque no todos lo tienen claro. “¿Serás pescador? Mmmm ya veremos”. Alegra comprobar que en este pequeño rincón de África los niños pueden permitirse pensar en el futuro. Los mayores, por su parte, exhiben ese pragmatismo que sólo poseen los que tienen una fe a prueba de hambrunas, éxodos migratorios y terrenos baldíos:

-“¿Cómo ha ido el día?
-Bien, muy bien.
-¿Suelen tener buena pesca?
-La que Dios quiere, cuando Dios quiere.
-¿Y Dios suele querer?
-Dios siempre nos quiere, aunque unas veces más y otras veces menos”.

Desarmados con una respuesta propia del gallego caricaturizado de la escalera, nos alejamos sonriendo y, al irnos, vemos que alguno de estos improvisados pescadores tienen su “vivienda” bajo los barcos corroídos por el tiempo y la salitre. Siguiendo su razonamiento, esa debe ser una de las veces que Dios no los quiere tanto.

(Fotografías: Xan Xiadas)