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martes, 7 de diciembre de 2010

Contraportada: Barça – Osasuna

Ana Ramos (Praia, Cabo Verde).- “¿Te has fijado? Los niños no juegan al fútbol”, comenta mi compañero. Como en mi mente, ese deporte carece del más pequeño compartimento, ni siquiera lo había pensado. Otros niños nos desmienten y nos cuentan que son del Porto, del Benfica y que prefieren a Messi antes que a Ronaldo…. “Claro, ha engordado mucho”, aseguro buscando su complicidad y provocando risas. Me sacan de mi error, hablan de Cristiano, y comprendo que, a partir de ahora, de esta materia será otro quien hable. Cae la tarde y, casualmente, asistimos a una conversación que podríamos haber escuchado a miles de kilómetros de distancia. Dos aficionados discuten acerca de los árbitros y, de repente, se callan. Silencio, en la televisión caboverdiana emiten, y en directo, el Barça-Osasuna.

(Fotografía: Xan Xiadas)

lunes, 6 de diciembre de 2010

“Lo que Dios quiera”

Ana Ramos (Praia, Cabo Verde).- Dos pescadores avezados recogen la pesca del día. Praia de Gamboa, una pequeña barca, repleta de tainas -semejante a las xoubas o los xureliños- y niños, muchos niños. Los pequeños, aprenden entusiasmados a domesticar el mar, el recurso más importante de Cabo Verde, casi el único, aunque no todos lo tienen claro. “¿Serás pescador? Mmmm ya veremos”. Alegra comprobar que en este pequeño rincón de África los niños pueden permitirse pensar en el futuro. Los mayores, por su parte, exhiben ese pragmatismo que sólo poseen los que tienen una fe a prueba de hambrunas, éxodos migratorios y terrenos baldíos:

-“¿Cómo ha ido el día?
-Bien, muy bien.
-¿Suelen tener buena pesca?
-La que Dios quiere, cuando Dios quiere.
-¿Y Dios suele querer?
-Dios siempre nos quiere, aunque unas veces más y otras veces menos”.

Desarmados con una respuesta propia del gallego caricaturizado de la escalera, nos alejamos sonriendo y, al irnos, vemos que alguno de estos improvisados pescadores tienen su “vivienda” bajo los barcos corroídos por el tiempo y la salitre. Siguiendo su razonamiento, esa debe ser una de las veces que Dios no los quiere tanto.

(Fotografías: Xan Xiadas)


Territorio mestizo

Ana Ramos (Praia).- Antes de llegar alguien nos dijo que aquí durante mucho tiempo lo único que había era personas y piedras. Acaba de terminar la temporada de lluvias y la aridez es extrema. “¿La última vez que llovió? ……. ni me acuerdo”, nos dice una caboverdiana a la que compramos el primer litro de agua del día. Siete de la mañana y el sol ya comienza a amenazarnos. Después descubriremos que la mujer, realmente, no debe tener muy buena memoria ya que, hace apenas un mes, llovió y en lugar de hacerlo torrencialmente, como ocurre en todos los lugares en los que la lluvia es casi utopía, el agua cayó con sabiduría regando el escaso suelo cultivable. Qué ironía, un país rodeado de agua y en el que ésta es el mayor de sus problemas.

Praia, capital del país y la que concentra el mayor número de habitantes, 125.000 de los cuales, como siempre, unos viven muy bien, mientras que muchos más… sobreviven. A pesar de que Cabo Verde ya está considerado un país de desarrollo medio, queda mucho por hacer aunque los caboverdianos sonríen…

La morabeza, esa que hace referencia a su carácter hospitalario, no puede ser más cierta. Nos dirigimos a Plateau, el centro histórico y comercial de la ciudad y aunque nos han advertido de que Praia es la más europea de las urbes del archipiélago… disentimos y empezamos a creer que, al igual que los caboverdianos, Praia es más bien mestiza. Estamos en África, no hay duda, y, a la vez, en una Europa vieja, que no antigua, polvorienta, caótica… y, al tiempo, colorista y, en cierta manera, hermosa.

Algunas mujeres llevan los niños a la espalda, al modo africano, pero muchos hombres lucen zapatillas de deportes y viseras ladeadas. Hablan portugués, pero los inmigrantes –que empieza a haberlos, lo que dice mucho de sus niveles de progreso – y muchos caboverdianos prefieren el crioulo, un idioma que bebe del
portugués y de las diferentes lenguas africanas. Nosotros, galego falantes, no lo entendemos.

Mayoritariamente católicos, su arquitectura –en los casos en los que las construcciones están ordenadas en un cierto urbanismo- es portuguesa también. Realmente, sólo han pasado 35 años desde que Cabo Verde proclamó su independencia, tras cinco siglos de colonialismo en los que Portugal prohibió cualquier manifestación cultural que pusiera en peligro la “hegemonía del imperio”. La misma historia tantas veces repetida y, lo que es peor, que seguirá repitiéndose.

El turismo prefiere otras islas (Boavista y Sal) y quizás por ello todavía no nos hemos cruzado a ningún extranjero. Sin embargo, al llegar a Plateau, con una media sonrisa constatamos que muchos de sus comercios, como ocurre en Europa, están regentados por inmigrantes chinos. Las similitudes no terminan ahí pero las siguientes no tienen ninguna gracia. Apenas dos cafés, dos bollos y dos aguas, cerca de siete euros, como en cualquier capital europea, con la diferencia de que aquí un salario privilegiado ronda los 18.000 escudos caboverdianos (unos 180 euros).

En la Praça Luís de Camões, de nuevo, somos testigos del revés y envés de esta realidad tan mestiza como la piel genuinamente caboverdiana. Una mujer vende caramelos en la calle –ocho horas después seguiría haciéndolo- y, a su lado, un grupo de jóvenes se conecta a la red inalámbrica de internet que existe en las principales ciudades de Cabo Verde, utilizando, además, equipos de última tecnología.

Reponemos fuerzas, ahora ya con una Estrela, la cerveza caboverdiana, pero antes un último contraste, aunque esta vez falta la cruz de una cara tan extraña. El transporte público, eficaz pero destartalado, comparte carril con infinidad de coches de alta gama… muy alta.

(Fotografías de Xan Xiadas)

“Cabo Verde es viable, es posible y es un ejemplo para toda África”



Vera Almeida, alcaldesa de Paúl (Cabo Verde)

Ana Ramos (Santiago de Compostela)
Cuando se inauguró la mítica cafetería compostelana Derby, allá por los años 30 del siglo pasado, Cabo Verde era todavía una colonia portuguesa. En 1975 proclamó su independencia y la ONU auguró que ese pequeño país formado por diez islas en medio del Atlántico no sería viable económicamente. Su trayectoria ha desmentido a la institución y Vera Almeida, la única alcaldesa de este país en el que nueve de sus quince ministros son mujeres, también: “Cabo Verde es viable, es posible y es un ejemplo para toda África”. Invitada por el Fondo Galego de Cooperación, Almeida presentó en Galicia las iniciativas que se desarrollan en Paúl con el apoyo de esta entidad. Protegidas del frío con un humeante café, viajamos a Cabo Verde desde la histórica cafetería de Santiago gracias a las palabras de la alcaldesa de Paúl que, poco a poco, nos acercan a este archipiélago que una expedición de AGARESO recorrerá buscando mostrar los proyectos ejecutados por Cooperación Galega y, por supuesto, la realidad caboverdiana.

Cabo Verde suma casi 500.000 habitantes; pero otros 700.000 caboverdianos están en la diáspora. ¿Qué es mayor causa de emigración, pobreza o falta de esperanza?
Inicialmente el caboverdiano se fue con la esperanza de tener mejores condiciones de vida y, hoy día, continúa haciéndolo. Emigra por falta de recursos en el país, sino no lo haría.

Los que han emigrado, cuando sienten saudade escuchan morna, ¿es así?
La morna es una música muy nostálgica que forma parte de nuestro carácter… Cuando la escuchamos, aunque estemos a miles de kilómetros de distancia, creemos estar en Cabo Verde.


 ¿Quiénes se van, los hombres, las mujeres o ambos?
Suele emigrar el hombre para trabajar como marinero pero en determinados lugares como Paul, emigra la mujer y termina trabajando como empleada doméstica o en las fábricas. En Cabo Verde la mayoría de la población es mujer, pero en Paúl es hombre.

Precisamente en el gobierno caboverdiano 9 ministras son mujeres de un total de 15, cuentan con el Instituto Cabo-Verdiano para a Igualdade e Equidade de Género, un Plan Nacional de Igualdade... ¿Es tan buena la situación de la mujer como parece?
Más que buena es cómoda. El parlamento ha aprobado una ley de paridad que podría no ser necesaria,  aunque, realmente, la mujer caboverdiana siempre ha sido crucial en la historia del país y los sucesivos gobiernos han sabido apreciarlo.

Esta igualdad, ¿es institucional o real?
La mujer es consciente de su papel, pero en el medio rural la situación es diferente ya que, en muchos casos, todavía depende económicamente del hombre. Las mujeres son fundamentales para el desarrollo del país y, de hecho, en Cabo Verde difícilmente hay una profesión en la que la mujer no esté presente.

¿A qué problemas se enfrenta?
La violencia doméstica es todavía significativa y, para ello, contamos con la llamada Red Sol para atender a todas las víctimas, tanto mujeres como hombres. De este servicio forman parte abogados, psicólogos, policía, el sistema de salud…

En Cabo Verde sólo existe un 10% de suelo cultivable y el 90% de sus alimentos deben importarlos. Todo está en su contra, pero viven más y mejor que en el resto de países de África…
Todo está en nuestra contra y ahí reside nuestro mérito. Algo fundamental es que estamos aumentando los terrenos cultivables para llegar a ser un país sostenible. El mar, el sol y las personas son nuestros recursos. Nosotros no tenemos petróleo, ni diamantes, ni minerales…

Mejor, porque les habríamos esquilmado.
También es cierto.

Algunos caboverdianos todavía recuerdan las terribles hambrunas que mataron a miles de personas…
Los habitantes de Cabo Verde prácticamente murieron. Cabo Verde fue de las pocas colonias portuguesas que cuando logramos la independencia éramos tierra y gente. No había ninguna infraestructura de peso que justificase 500 años de colonización.

De hecho, la ONU vaticinó que sería inviable económicamente….
Y es viable, y es posible y es un ejemplo para toda África.

¿Cuáles son los mayores retos a los que se enfrentan?
Muchos: un gran desempleo entre las mujeres y los jóvenes, debemos incidir en el empoderamiento de la mujer, el acceso a la vivienda... Algo importante también es la falta de autoestima, sin ella no nos valoraremos, no tendremos confianza en nosotros mismos y, consecuentemente, el desarrollo no será posible.

¿Qué deberíamos importar de Cabo Verde?
Somos un país luchador. Sólo teníamos piedras y personas y logramos la independencia. Ese es nuestro mérito, no tenemos mucho más que dar… Y una palabra, morabeza, que refleja el alma y el espíritu de la gente de Cabo Verde, su solidaridad y hospitalidad.

Las mujeres caboverdianas emigrantes hablan de djunta-mô, juntar las manos…
Sabes… es terrible. Tras la apertura política se ha producido una reducción del djunta-mô. Las personas se volvieron más egoístas, más individualistas y cada uno se puso a luchar por lo suyo. En Paul queremos de nuevo rescatar esos valores, es fundamental.

Será la prosperidad que trae consigo la pérdida de valores...
Será….
(Fotografías de Óscar Dacosta)

domingo, 5 de diciembre de 2010

Rumbo a Cabo Verde

Ana Ramos (Santiago de Compostela)

AGARESO  viaja a Cabo Verde. Con el objetivo de visibilizar los proyectos ejecutados en este archipiélago por Cooperación Galega, la Asociación Galega de Reporteiros Solidarios tratará de acercarse a la realidad de un país cuya trayectoria, desde su independencia portuguesa en 1975, ha sido extraordinaria escalando cada año puestos en el Índice de Desarrollo Humano hasta alcanzar el 118. Eso sí, tengamos en cuenta que España y sus más de cuatro millones de parados ocupan la posición número 20.

A pesar de los cien puestos que separan uno y otro país, Cabo Verde cuenta con el mejor índice de escolarización de África y se sitúa entre los países subsaharianos con mayor desarrollo de las TIC. Y todo esto sin olvidar que estas diez islas no parecen tener mucho a su favor. Sólo el 10% de su suelo es cultivable, deben importar cerca del 90% de los alimentos y sin la ayuda externa su subsitencia no sería posible.

Durante siglos las islas estuvieron deshabitadas. Seguramente en ese tiempo eran tan verdes como el cabo continental que les da nombre, hasta que mediado el siglo XV los portugueses las descubrieron y, durante más de 300 años, fueron peaje ineludible para el comercio de esclavos.
Al sur de las Canarias y al oeste de Senegal, sobrevive Cabo Verde con sus escasos recursos: el sol, el mar y, por supuesto, los caboverdianos. Si lloviese con sabiduría, sería un oasis pero las sequías y las aguas torrenciales se suceden agravando su aridez. Quizás por ello el archipiélago cuente con casi 500.000 habitantes… y 700.000 mil más  en la diáspora.

Amilcar Cabral, el pacifista que debió buscar la soberanía de su pueblo con las armas, sabía que era difícil pero no imposible:

“Nós estamos a loitar para o progreso da nosa terra.
Temos que facer todos os sacrificios para conseguirmos o progreso do noso pobo.
Temos que acabar con todas as inxustizas, con todas as miserias, con todos os sufrimentos”.

Fotografía cedida por: Fondo Galego de Cooperación